Jack Palmer en Bretaña

 

Edición original:Palmer en Bretagne
(Dargaud, 2013)
Edición nacional/ España:Jack Palmer en Bretaña
Norma Editorial. 2016
Guión:René Pétillon
Dibujo:René Pétillon
Formato:Tapa dura, 54 páginas
Precio:12 €

 

A los que escribimos reseñas normalmente nos gusta explicar historias, por lo que dejadme que os cuente una:
En la década de los 40 en los Estados Unidos un guionista y dibujante de comics infantiles empieza a trabajar en una editorial llamada Educational Comics. Allí el propietario, que la ha heredado de su padre, decide cambiar el enfoque de los comic books que publica y con la ayuda de nuestro dibujante-guionista (llamémosle Harvey Kurtzman) crea diversas revistas de terror, de suspense, de ciencia ficción, de guerra y finalmente una de humor.
Kurtzman dirige entre otras la revista de humor (llamémosla Mad) y con su estilo humorístico, basado en la sátira y en la parodia revoluciona el medio e incluso otras disciplinas artísticas y comerciales como el cine, la televisión o la publicidad.
Por esta época un guionista y dibujante francés (llamémosle René Goscinny) está malviviendo en Nueva York. Un día conoce a Kurtzman y congenian inmediatamente. Goscinny intenta hacer carrera en los comics de humor de la prensa norteamericana pero no acaba de convencer ni a los editores ni a los lectores por lo que decide volver a Europa. Allí a medio camino entre Bruselas y París funda una revista de comics (llamémosla Pilote) donde aplicará todo lo que ha aprendido en Ámerica y escribirá series como Lucky Luke, Iznogoud, y sobre todo Las aventuras de Asterix, con un éxito extraordinario cambiando radicalmente el panorama del comic europeo. Fin de la historia… ¿Seguro?

Volvamos al presente, “Jack Palmer en Bretaña” es el decimoquinto álbum de la serie creada por René Pétillon sobre este detective bajito, ingenuo y torpe, vestido con gabardina y sombrero de ala ancha que pasa por los casos que se le presentan casi sin enterarse. En Francia este álbum se estrenó en el año 2013 y aquí lo ha publicado Norma Editorial en 2016.
En este caso, Palmer ejerce de guardaespaldas de un millonario francés de fin de semana en Bretaña. El magnate es el invitado de Solange Pommeraie, la propietaria de una mansión bretona en la costa, donde se alojarán además diversos personajes de la crême financiera y cultural parisina. Pommeraie tiene un plan para recuperar liquidez monetaria que consiste en enfrentar a dos coleccionistas de arte, entre ellos el jefe de Palmer, por un cuadro de un oscuro pintor abstracto pasado de moda. Pero las cosas se complican y otro invitado es asesinado haciendo footing por la playa, además no llegan las langostas para la cena y Jack Palmer, que vigila la mansión con sus prismáticos apostado en una roca cerca del mar, no calcula el movimiento de la marea y queda aislado del continente. Todo esto aderezado de divertidos y contundentes comentarios sobre el mundo de las galerías de arte, de los informativos de televisión, la telefonía móbil y la sociedad rural bretona. Puro Mad, puro Asterix.
En “Jack Palmer en Bretaña” las presuntas élites sociales y culturales son descritas con una crueldad absolutamente tolerable. El mecanismo utilizado es el humor; una parodia sutil, inteligente y sin piedad que desnuda algunos de los peores defectos de nuestra sociedad; el egoísmo, el mercantilismo y la pedantería. El hallazgo de aislar al protagonista para que sea simplemente testigo de la historia es un recurso sencillo pero maravilloso. Palmer sin embargo consigue resolver el caso a distancia, pero al principio nadie le escucha y al final nadie le cree.

Pero volvamos a nuestra historia inicial puesto que tiene una tercera parte. En 1974 un dibujante y guionista francés, René Pétillon, de 29 años entra en la revista Pilote después de 6 años publicando historias cortas de humor en fanzines y magazines diversos. Este año crea su personaje predilecto, Jack Palmer, un detective paródico que intenta resolver los casos que le encargan y que, en el mejor de los casos los acaba dejando igual que cuando empezó.
Al principio el estilo de Pétillon está muy influido por el movimiento underground norteamericano de los 60 y tanto los guiones como el dibujo presentan una abigarrada acumulación de gags visuales y de diálogo satírico que apabulla al lector y convierte la lectura en una compleja experiencia a la caza del detalle humorístico. A medida que van pasando los álbumes el trazo se vuelve más limpio y la historia más lineal sin perder, al contrario ganando, eficacia tanto en la crítica social como en la parodia visual. Finalmente, con la llegada de este siglo Pétillon realiza una tercera evolución sintetizando aún más su trazo y explorando temas absolutamente candentes de la sociedad actual. El integrismo religioso, los nacionalismos independentistas, los paraísos fiscales, el mundo de la moda y finalmente – en este último episodio – el mercado del arte y la jet-set intelectual son sus objetivos. Su precisión es tal que ni los aludidos se atreven a cuestionar la inteligencia de este autor.

Hay que decir que Jack Palmer en Bretaña no es el mejor álbum de la serie, pero vuela a gran altura. Pétillon narra de manera excelsa. Su arte es heredero de una larga tradición de dibujantes satíricos franceses. Reiser, Wolisnky, Claire Bretecher, Cabu… son algunos de sus compañeros de armas, pero a diferencia de ellos René Pétillon sabe contar una historia larga en imágenes. No recurre al plano figura repetido hasta la saciedad en la página, sino que estructura su historia en secuencias de un desarrollo narrativo impecable. Como su maestro Kurtzman, no concibe el gag como si de un teatro de vodevil se tratase, sino que utiliza todos los recursos del medio para llegar a su objetivo final. En cuanto al guion, sus álbumes están perfectamente estructurados, la acumulación de gags no interfiere en la progresión de la trama principal y el ritmo de todo el álbum es variado pero ascendente, sin altibajos ni desenlaces precipitados. Pétillon ha aprendido a escribir sus obras del maestro Goscinny. Porque – y digámoslo por fin – René Pétillon es el digno heredero de René Goscinny y también de Harvey Kurtzman.

La conclusión de esta pequeña historia es que Jack Palmer es la mejor serie de humor europea de la actualidad y que álbumes como “Jack Palmer en Bretaña” nos reconcilian con este género tan propenso a la sal gorda y al trazo grueso. “Jack Palmer en Bretaña” es un producto de alta gastronomía, cocinado a fuego lento y con mano maestra que conviene degustar con cariño, atención y paciencia para que el disfrute sea máximo.

Una recomendación y un ruego final. El tamaño de la edición en castellano podría ser algo mayor, la de un típico álbum europeo, por ejemplo. Y el ruego; ahora que abundan los integrales le pediría a Norma Editorial, o a quien sea, que se atrevan con la colección integral de Jack Palmer por favor. Entre otros, Harvey Kurtzman y René Goscinny se lo agradecerán, estén donde estén…

Vía Zona Negativa http://www.zonanegativa.com/jack-palmer-bretana/

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