#ZNCine – Crítica de Alien: Covenant, de Ridley Scott

 

Dirección: Ridley Scott
Guión: Michael Green
Música: Jed Kurzel
Fotografía: Dariusz Wolski
Reparto: Katherine Waterston, Michael Fassbender, Demián Bichir, Danny McBride, Noomi Rapace, Billy Crudup, Carmen Ejogo, Jussie Smollett, Amy Seimetz, Callie Hernandez, Benjamin Rigby, Alexander England, James Franco
Duración: 123 minutos
Productora: 20th Century Fox, Scott Free
Nacionalidad: Estados Unidos

 
Aviso de Spoilers: La siguiente crítica contiene detalles importantes de la trama de la película, así que si no quieres saber qué fue primero, si el huevo o el Alien, mejor tener cuidado a la hora de seguir leyendo.

Cinco años después de la desigual Prometheus, cinta en la que Ridley Scott regresaba a la saga de Alien, que le dio la fama como realizador cinematográfico allá por 1979, nos llega esta Alien: Covenant que supone un aparente regreso al espíritu de aquella primera cinta; y digo aparente porque, tal y como veremos más adelante, a pesar de lo que podía deducirse de los avances de la cinta o incluso de las primeras críticas aparecidas en internet, Covenant tiene mucho más de secuela de Prometheus que de precuela de Alien. Y es que aunque tengamos ante nuestros ojos una estética, fotografía, música e incluso una trama que nos quiere evocar en todo momento a la historia de la Nostromo, Alien: Covenant es, en espíritu (que es, al fin y al cabo, lo que cuenta), una continuación de los temas abiertos por Scott en Prometheus y que sólo tocaban tangencialmente (y de manera circunstancial) la mitología de Alien, un monstruo en el que Scott está muchísimo menos interesado que en hablarnos sobre Dios, la fe, el origen de la vida o las contradicciones entre todos esos Grandes Temas y la inteligencia artificial. Dejemos pues claro desde este primer párrafo que los que acudan a las salas esperando un regreso a las raíces de la saga van a llevarse una seria decepción, y es que Alien: Covenant es mucho más (y mucho menos) de lo que aparenta.

Lo que cambió fue la reacción a Prometheus (…) Descubrimos que los fans estaban realmente frustrados. Querían ver más del monstruo original (…) Así que pensé: “Wow, ok, estoy equivocado”.

Estas declaraciones, extraídas de una reciente entrevista de Ridley Scott a Yahoo, podrían resumir perfectamente la génesis de Alien: Covenant. Prometheus tuvo una recepción demasiado tibia como para meterse de lleno en una secuela directa, a pesar de que su final, por primera vez en toda la película, presentaba un horizonte tan interesante como ver a una científica crucifijo al cuello con la única compañía de la cabeza de un ser sintético en una bolsa, huérfanos ambos de Creador, dirigirse al planeta de los Ingenieros a buscar camorra y respuestas a partes iguales. Pero el mismo Scott reconoce que su propuesta necesitaba al xenomorfo como una seña de identidad demasiado poderosa como para desecharla, de modo que de repente Covenant se convirtió en la zanahoria que movería el carro de la taquilla. Y llegamos a la situación en la que Scott se niega a abandonar los postulados que inició con Prometheus pero a la vez acepta que una película de Alien sin Alien es como Bart apareciendo en el Show de Krusty sin decir “Yo no he sido”; la diferencia aquí es que la aparente rendición de Scott ante la demanda del público lleva mucha mala baba detrás, y se parece mucho más a Andy Kaufman recitando El Gran Gatsby cuando parecía que iba a cantar la canción de Super Ratón. Ese cinismo en la propuesta envenenada de Scott se deja ver sobre todo en el antagonismo entre los dos sintéticos, David y Walter; casi por un momento durante su primera conversación me pareció incluso atisbar a Scott hablando consigo mismo sobre la industria hollywoodiense: David (el Scott de Prometheus) expone a Walter (el Scott encadenado -una cadena forjada de billetes, eso sí- al éxito de Alien) el hecho de que los humanos no le dejen ni siquiera componer una simple melodía; a pesar de ser una versión más avanzada, lo quieren menos humano, más robot, menos replicante (qué bien traído, ¿eh?); este nexo de unión con los grandes temas que Scott ansiaba tocar en su otra obra magna y que convierte a David en auténtico protagonista de Alien: Covenant, un Roy Batty perdido en el espacio y en constante lucha contra sus propios dioses creadores (convirtiéndose él mismo en Creador), es sin duda el punto de vista más interesante (y más benévolo) que puedo aportar sobre esta Alien: Covenant que, desgraciadamente, hace aguas en sus otros frentes.

Y es que, como película de ciencia ficción o terror espacial (en definitiva, como película de Alien), Covenant sigue al dedillo todos los vicios y defectos que ya se vieron en Prometheus, a saber: tripulación prescindible (título que nos recuerda a ese gran DLC de Alien: Isolation), narrativa desastrosa e irritantes incongruencias que terminan por estropear cualquier atractiva propuesta que pudiera haber detrás. Podríamos dedicarnos a enumerar todas las situaciones al nivel de “voy a acercarme a esa cobra espacial dentada como si fuera a acariciar a un cachorrillo” que, como en Prometheus, también campan a sus anchas por esta Covenant (las acciones del personaje de Billy Crudup son para echarse las manos a la cabeza), pero sólo servirían para constatar el frágil esqueleto dramático y narrativo que apenas sostiene a esta Alien: Covenant, destacando un giro final absurdamente previsible y la ausencia más allá de David de un corazón para la película (ni Crudup ni una indiferente Katherine Waterston parecen querer serlo, pasándose la pelota entre ellos e incluso rebotando en ocasiones en un más que competente Danny McBride). Ni siquiera el añorado xenomorfo tiene un papel destacado, siendo relegado a un papel secundario (qué mal le sientan a la criatura el CGI y los espacios abiertos) y que sólo al final tiene algún momento de gloria encerrado de nuevo en el espacio mitológico de una nave que quiere desesperadamente ser la Nostromo en su decoración, sus sonidos, sus puertas y hasta sus sistemas de detección: una pobre imitación que casi resulta paródica en su intento de rescatar un espíritu por parte de un Scott desganado, como si El Despertar de la Fuerza la hubiera rodado alguien que no fuera fan de Star Wars.

Nos queda el alivio (escaso) de haber asistido a un recital visual y sonoro, con poderosas ideas (el destino de los Ingenieros o el refugio anacrónico de David –aunque si lo pensamos todo parece anacrónico en el planeta de los supuestamente avanzados seres-), pero en definitiva Alien: Covenant es una experiencia frustrante, siempre a medio camino entre dos rumbos pero sin decidirse a tomar ninguno de ellos. Quizás, como demostraron Alien3 (admirada por muchos entre los que no me encuentro) o Alien Resurrección, la saga del monstruo tampoco da para mucho más, máxime cuando su mitología ya ha sido profanada por un Scott más interesado en otros temas, ansioso y desganado a la vez por contentar al fan; quizás ese es el principal problema: nunca me he opuesto como espectador a que se expandan historias previas, ni creo que haya nada intocable o remake innecesario de por sí siempre y cuando me vayan a seguir contando una buena historia; a esta Covenant le hubiera sentado estupendamente librarse del Alien que la precede en el título y darle al personaje de Michael Fassbender la capacidad de trascender que le sobra a la creación de Giger. Para todo lo demás, siempre nos quedará volver a encerrarnos en la Nostromo, montar una barricada en Hadley’s Hope o atrevernos a empezar una nueva partida a Alien: Isolation. Antes en el espacio nadie podía oír tus gritos, pero como ocurre con todo lugar especial, el turismo ha acabado por estropearlo.

Vía Zona Negativa http://www.zonanegativa.com/zncine-critica-alien-covenant-ridley-scott/

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