Mortadelo y Filemón: Su vida privada

 
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Edición original/ España: Mortadelo y Filemón: Su vida privada (Ediciones B, 1998/ Editorial Plural, 2000).
Guión y Dibujo: Francisco Ibáñez.
Color: Sin acreditar.
Formato: Tomo cartoné 48 págs.
Precio: 3€.

 

No falla. Cuanto más conocemos a nuestros personajes favoritos, cuanto más nos habituamos a ellos y más cariño les profesamos por sus andanzas, más deseamos familiarizarnos con sus vidas íntimas, sus aficiones y sus intríngulis. Les sentimos así más cercanos, asomándonos a la ventana de su privacidad, alimentando la cotorra hambrienta que, en mayor o menor proporción, todos llevamos dentro. Sucede incluso con las creaciones que, por sus características peculiares (humor absurdo, acción desenfrenada, cientifismo exacerbado, etc.), parecerían alejarse de la norma, talmente estos Mortadelo y Filemón que desde su debut en 1958 ha comandado Francisco Ibáñez con pulso comercial firme, a salvo de la marea inconstante del gusto del público y hasta de las quiebras editoriales y de los cambios de régimen político, que de todo ha habido en estos 57 años de estajanovismo del lápiz.

Ibáñez -nada descubro- es un oportunista, dicho esto sin matiz peyorativo y hasta como elogio, de forma que donde atisba una veta de interés popular persiste con la obcecación de los genios y los locos. Prueba de ello es su fidelidad a su fórmula cómica, basada en el trompazo, el juego de palabras y la asimilación de fuentes diversas (de Vázquez a Franquin, de Chaplin a Jerry Lewis, de Sherlock Holmes a James Bond). Ibáñez lo aprovecha todo en su túrmix humorístico, venga de fuera (es una esponja para las modas: fútbol, escándalos, series de tv, etc.) o de su propia inspiración (reutilización constante de situaciones, estrategias y gags). Sin embargo, las calamidades de Mortadelo y Filemón ajenas a las misiones de la T.I.A. han sido poco exploradas desde el memorable La historia de Mortadelo y Filemón, publicado en el Almanaque para 1970 de la revista Gran Pulgarcito (1969); alguna vez esporádica, coincidiendo con los oportunos especiales de aniversario, donde el autor acostumbra mirar a sus hijos gráficos entre el cariño y la condescendencia, hasta que en 1998 alumbró Su vida privada, álbum donde la parejita se nos muestra huérfana de la influencia del Super, el Bacterio, la Ofelia y los demás.

Como el reciente superventas El Tesorero, Su vida privada está ya lejos de la época dorada de los personajes, la de los álbumes canónicos continuamente reimpresos (El Sulfato Atómico, Valor y al toro, Contra el gang del Chicharrón, Safari Callejero, La caja de 10 cerrojos, El antídoto, etc.), aquellos que nacieron en las publicaciones de Editorial Bruguera. La receta del éxito, clonada entrega tras entrega, principia a desnaturalizarse, también nuestro organismo se inmuniza y la dosis sabe a poco… ¡Tranquilos! Las catástrofes siguen desencadenándose allá por donde pasan nuestros amigos y unas risas no nos las quita nadie, esa es la verdad.

Dentro de la fórmula, como decía antes, Su vida privada es una rara avis por presentar a Mortadelo y Filemón entre misiones. Mujeriegos, bebedores, cicateros, tahúres… lo que en anteriores episodios se sugería, aquí es el foco de atención. Veremos dónde viven (la pensión “El Calvario”, cuna de los chistes más logrados), sus hobbys (el coleccionismo de vinilos de Filemón, los disfraces de Mortadelo), visitas de padres y familiares (distintos gráficamente de los presentados en la citada La historia de Mortadelo y Filemón, aboliendo cualquier pretensión de “continuidad” entre el material de los ’60 y el de los ’90)… En sus 44 páginas de historieta Ibáñez reproduce las maneras bruñidas durante los años de serialización, incluso en detalles como la división de la hoja en una mitad superior A y otra mitad inferior B, si bien la estructura es algo menos rígida. Más o menos cada cuatro páginas hay un cambio de ubicación o de anécdota, encadenadas incluso a la fuerza al discurrir argumental, sin una auténtica progresión o crescendo; al contrario, el álbum va perdiendo fuelle y concluye con desgana, casi arbitrariamente, al llegar al número de planchas convenidas. Es una pena que el autor prescinda de una trama que aporte solidez a unos chistes que, al menos al principio, poco tienen que envidiar a sus cimas reconocidas. Por desgracia Ibáñez, quien se retrata cual Cicerone mangoneando el discurrir de sus criaturas, no ha querido -o sabido- aprovechar las ventajas de la extensión del álbum para profundizar en argumentos y caracterizaciones, algo que sus compatriotas franceses y belgas cuidan mucho más.

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Toda vez asombra la comicidad de los muñecajos de Ibáñez, su marca de fábrica, podríamos decir, en la que se muestra imbatible e inimitable, incluso en páginas donde triunfa la vaguería (en la plancha 40, por ejemplo, Mortadelo apenas altera el gesto de viñeta en viñeta). Unido a la transparencia de la narrativa, que erradica cualquier retorcimiento o experimentación en aras de la legibilidad más directa (aunque los textos sean a veces un tanto enrevesados), Ibáñez consigue su prioridad: que el gag llegue limpio al lector. He aquí el secreto de su éxito.

Su vida privada fue publicado por Ediciones B en 1998 en el nº 139 de la colección Olé, acompañado de material reeditado de otra de las creaciones de Ibáñez: Pepe Gotera y Otilio, chapuzas a domicilio. La edición que he usado para la reseña, sin embargo, pertenece a la reedición para Kiosco de Ediciones Plural, que contiene solo el álbum original en tapa dura y con una nueva portada, aparecida en 2000.

Vía Zona Negativa http://www.zonanegativa.com/mortadelo-y-filemon-su-vida-privada/

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